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Guías para Comprender y Manejar el Dolor

Esta sección tiene como propósito ofrecer información útil y comprensible para todas las personas que atraviesan un proceso doloroso. El objetivo es ayudar a entender mejor lo que ocurre en el cuerpo, brindar estrategias de autocuidado y reconocer cuándo es necesario acudir a un profesional de la salud.

El dolor es una señal de alarma natural del cuerpo que indica que algo no está funcionando bien y que requiere atención. Es, en cierto modo, un mecanismo de defensa: nos invita a detenernos, protegernos o modificar una conducta. Sin embargo, no siempre el dolor significa daño. En ocasiones, sobre todo cuando un dolor se prolonga por semanas o meses, la causa que lo originó ya se resolvió, pero la “alarma” sigue encendida.

A esa situación se le conoce como dolor crónico, y se diferencia del dolor agudo, que es el dolor reciente, muchas veces asociado a una caída, un golpe, una torcedura o un esfuerzo excesivo.

El dolor puede sentirse de muchas formas: punzante, como un ardor, con rigidez, cosquilleo, sensación eléctrica o simplemente molestia. Puede aparecer en una zona específica o sentirse más generalizado, y a veces se presenta solo en ciertos movimientos o posiciones. Todas estas características ayudan al profesional de la salud a identificar su origen y planificar una estrategia adecuada de tratamiento.

Dolor Agudo

El dolor agudo es una respuesta normal y esperada del cuerpo ante una agresión física, química o traumática. Se trata de una señal que acompaña el proceso de curación o cicatrización. Generalmente tiene una duración menor a tres meses.

Es un tipo de dolor “protector”: nos advierte de un peligro y estimula mecanismos de defensa y reparación. Por ejemplo, si nos doblamos un tobillo, el dolor nos hace evitar apoyarlo para permitir que los tejidos sanen.

  • Actúa como alarma o advertencia.
  • Está relacionado con una lesión reciente o potencial.
  • Desaparece cuando el tejido afectado se ha reparado.
  • Es un síntoma de un proceso que ocurre en el cuerpo, no una enfermedad por sí mismo.

Dolor Crónico

El dolor crónico, en cambio, es aquel que permanece más de seis meses desde el momento de la lesión o incluso aparece sin una causa evidente. En este tipo de dolor, la lesión original ya puede haber sanado, pero el sistema nervioso sigue enviando señales de alerta.

Esto ocurre porque el sistema que percibe y procesa el dolor (llamado sistema nociceptivo) se vuelve más sensible o reactivo. Es como si el volumen de la alarma del cuerpo se quedara demasiado alto.

  • Persiste aun cuando la lesión ya está curada.
  • Está asociado a cambios en la forma en que el sistema nervioso interpreta las señales.
  • Ya no es solo un síntoma: se considera una condición o enfermedad en sí misma.

El dolor crónico puede generar un gran impacto en la vida diaria: altera el sueño, el ánimo, la energía y la capacidad de disfrutar de las actividades cotidianas. Por eso, abordarlo requiere una mirada integral que combine educación, movimiento, estrategias psicológicas y acompañamiento profesional.

Tipos de Dolor Según su Mecanismo

Cuando se estudia el dolor, además de su duración, también se puede clasificar según los mecanismos que lo generan en el cuerpo. Esto permite entenderlo mejor y tratarlo de manera más específica. Las categorías principales son:

  • Dolor nociceptivo
  • Dolor neuropático
  • Dolor nociplástico
  • Dolor mixto

Dolor Nociceptivo

Es el tipo de dolor más común. Se produce cuando los receptores del dolor (nociceptores) detectan una agresión en los tejidos —como una lesión muscular, articular o de la piel— y envían señales al cerebro.

Dependiendo del origen, puede dividirse en dos:

Dolor Somático

Tiene su origen en estructuras musculoesqueléticas (músculos, articulaciones, tendones, ligamentos, huesos). Es el dolor que se presenta, por ejemplo, en una contractura, una torcedura o una tendinitis. Es localizado y fácil de identificar.

Dolor Visceral

Proviene de órganos internos (estómago, intestinos, hígado, riñones, etc.). Es más difuso y difícil de localizar; a menudo se siente como un malestar profundo o puede irradiarse hacia otras zonas del cuerpo.

Dolor Neuropático

Este dolor se origina por una lesión, irritación o disfunción en el sistema nervioso (nervios, médula espinal o cerebro). Puede deberse a una compresión nerviosa (como una hernia discal), enfermedades metabólicas (como la diabetes), infecciones, cirugías previas o incluso por alteraciones en el procesamiento cerebral.

Las personas suelen describirlo como una quemazón, hormigueo, entumecimiento o hipersensibilidad al tacto o al frío. En algunos casos, puede haber debilidad o pérdida de reflejos.

Además, este tipo de dolor puede verse influido por factores emocionales. La ansiedad, el estrés y la depresión pueden amplificar la percepción del dolor, generando un ciclo difícil de romper si no se aborda de forma global.

Dolor Nociplástico

Se presenta cuando hay una alteración en la forma en que el sistema nervioso procesa la información del dolor, sin que exista un daño evidente en los tejidos o en los nervios. Es decir, hay dolor, pero no una lesión clara que lo justifique.

Ejemplos de condiciones asociadas al dolor nociplástico son la fibromialgia, el síndrome del intestino irritable o la cistitis intersticial. En estos casos, el sistema nervioso se encuentra “hipersensible” y responde de manera exagerada a estímulos normales.

Dolor Mixto

Ocurre cuando se combinan dos o más mecanismos de dolor (por ejemplo, una lesión de tejidos junto con afectación nerviosa). Es frecuente en diagnósticos como la lumbalgia crónica, la ciática, el dolor postquirúrgico o el dolor oncológico.

Cómo se Mide el Dolor

El dolor es una experiencia subjetiva y personal. No existe un instrumento que lo mida de manera exacta, por lo que se utilizan escalas de valoración que ayudan a cuantificarlo y a entender su impacto en la vida diaria.

Algunas escalas son simples (miden solo la intensidad) y otras más completas (evalúan también factores emocionales y funcionales).

Por ejemplo, la escala FLACC se utiliza en niños pequeños que no pueden expresar verbalmente su dolor. Evalúa aspectos como la expresión facial, el movimiento de las piernas, la actividad, el llanto y la capacidad de consuelo, otorgando una puntuación de 0 a 10.

Estas herramientas permiten al profesional dar seguimiento a la evolución del paciente y valorar la efectividad del tratamiento.

Enfoque desde la Fisioterapia

Desde la fisioterapia moderna, el dolor se aborda de manera integral. Ya no se trata solo de “quitar el dolor”, sino de entender su origen, su mantenimiento y su relación con la forma en que el cuerpo y la mente se adaptan.

El tratamiento puede incluir:

  • Educación en neurociencia del dolor: para entender cómo funciona el sistema nervioso y disminuir el miedo asociado al movimiento.
  • Terapia manual: ayuda a mejorar la movilidad de los tejidos, reducir tensiones y restablecer la función.
  • Ejercicio terapéutico y movimiento progresivo: favorecen la adaptación del sistema nervioso y fortalecen la confianza del paciente en su cuerpo.
  • Estrategias de autocuidado: como higiene postural, control del estrés, sueño reparador y manejo de la respiración.

La comprensión del dolor y la participación activa del paciente son fundamentales para una recuperación duradera. Aprender sobre el propio cuerpo y perder el miedo al movimiento es, muchas veces, el primer paso para recuperar el bienestar.

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